Descansar no es fallar: la culpa de no estar bien
Un artículo sobre la culpa, la autoexigencia y las necesidades emocionales que ignoramos cuando no nos permitimos descansar.


¿Alguna vez te has sentido culpable… por no estar bien?
Hoy escribo este artículo para hablarte de la culpa y de las necesidades. Estoy bastante segura de que no es la primera vez que lees sobre este tema; los terapeutas hablamos de ello a menudo. Y no es casualidad, sino que son aspectos que vivimos en el día a día. Por eso es necesario poner el foco ahí.
Al escribir este artículo, que de hecho es el primero de este blog, parto de mi propia experiencia. No sé si a ti te ha pasado alguna vez, pero a menudo, cuando no me encuentro bien de salud, me siento mal. No por mi estado de salud (que sería lo coherente), sino por el hecho de no estar bien. Es bastante surrealista, ¿no te parece?
Me siento culpable porque ese día no podré trabajar, como si estuviera engañando a alguien… Y como si descansar fuera fallar o como si mi valor dependiera de rendir. En esa situación entro en un bucle que me confunde y me cuesta tomar una decisión. Y aprovecho para decirte algo: detrás de la culpa, casi siempre hay una necesidad no atendida.
Lo que me ha ayudado a salir de esa espiral es hacerme una pregunta muy sencilla. Te la hago a ti también: si una compañera de trabajo te contara que le está pasando esto mismo, ¿qué le dirías? Al responder, aparece una empatía que a menudo olvido tener conmigo. Y entonces puedo empezar a aplicármela.
Quizá a ti también te pase, que te resulta más fácil dar hacia fuera que darte hacia dentro. Creo que nos han educado así y ahora, aquí, tenemos la oportunidad de reeducarnos para estar mejor con nosotras mismas y con lo que necesitamos.
Querida, quiero insistirte en tus necesidades. Si te pregunto qué necesitas ahora mismo, ¿qué me respondes? ¿Sabes lo que realmente necesitas en este instante? Si lo sabes, enhorabuena, porque no siempre es fácil. Si no lo sabes, te hago una propuesta:
Ponte una canción que te motive, movida, rítmica, que te den muchas ganas de bailar. Y baila, dalo todo en tu pista de baile casera improvisada, deja que tu cuerpo se sienta libre y haga lo que quiera (nadie te está viendo). Nota cómo se acelera tu corazón y cómo todos los músculos de tu cuerpo se calientan (no te hagas daño, sobre todo si tienes algún problema de salud).
Justo al detener el movimiento, vuelvo a preguntarte: ¿qué necesitas ahora?
Tus necesidades no son un capricho.
Son una brújula.
Escucharlas no te hace menos fuerte.
Te hace más íntegra.